Cultura/Arte

Roberto Fontanarrosa: una vida de literatura, humor y fútbol

El reconocido escritor y humorista gráfico falleció el 19 de julio de 2007, producto de una enfermedad degenerativa.

Roberto Fontanarrosa es sinónimo de humor, de literatura y de la pasión por el fútbol. Además de ser uno de los autores más entrañables de la literatura nacional, “El Negro” -a través de sus obras- acercó al futbolero al mundo de los libros e inundó de fútbol a personas que no le interesaban el deporte. Luego de padecer Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), falleció a sus 62 años el 19 de julio de 2007.

Fontanarrosa nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 26 de noviembre de 1944. “Canalla” desde la cuna (nunca tuvo problemas para decir que era hincha de Rosario Central), “el Negro” comenzó en el mundo de las historietas y la literatura a fines de los años 60 a través de la revista Boom de Rosario.

En 1968 publicó su primer chiste gráfico en el número uno de la revista, y dos años después creó uno de los personajes que lo llevaron a la historia: Boogie, el aceitoso. Boogie era una especie de parodia del agente secreto James Bond, en la que cuenta las aventuras de un prófugo de la justicia y veterano de la Guerra de Vietman que se transforma en un asesino a sueldo, frío y despiadado.

Con el tiempo, Fontanarrosa se convirtió en una figura clave del humor gráfico en la Argentina. Creó personajes que marcaron a generaciones de lectores como Inodoro Pereyra y su entrañable perro Mendieta, que fueron ícono de los lectores en la contratapa del diario Clarín.

Su manejo de la ironía, la sátira y los juegos de palabras hicieron de sus dibujos auténticas obras maestras. Publicó cerca de trescientos cuentos, reunidos en una docena de libros, además de tres novelas y un par de compilaciones de crónicas deportivas.

El prólogo de su antología titulada Cuentos de fútbol argentino pinta de cuerpo entero su llegada al mundo de la literatura y su relación con el lector futbolero: “No crecí queriendo ser como Julio Cortázar. Crecí queriendo ser como Ermindo Onega [futbolista de River Plate en las décadas del 50 y 60]. Por eso, llegué a la literatura por la puerta de atrás, con los botines embarrados y repitiendo siempre el viejo chiste: ‘Mi fracaso en el fútbol obedece a dos motivos. Primero: mi pierna derecha. Segundo: mi pierna izquierda’.”

En noviembre de 2004 Fontanarrosa dejó un discurso para la historia en el III Congreso de la Lengua Española realizado en Rosario. Fiel a su estilo y con mucho humor, el rosarino intervino para defender a las “malas palabras”. “Son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, incluso por contextura física”, afirmó el canalla.

“El Canaya” fue una de las obras que más lo llenó. Quien más para ratificarlo que él, cuando en enero de 2007 anunció que dejaba de dibujar porque la enfermedad (ELA) le había afectado a su mano derecha, pero lo hizo dejando un regalo para su club y con un fuerte mensaje. Así, en la última obra de su vida, Fontanarrosa dejó su último Canaya.

“Me doy por muy bien pagado, téngalo por seguro, al haber sido distinguido con la posibilidad de crear un símbolo para acompañar nuestros colores”, escribió.

Seis meses después y producto de un paro cardiorrespiratorio, Roberto Fontanarrosa nos dejó físicamente para pasar a la eternidad en el corazón de todos los futboleros. Donde haya fútbol y cuentos, allí estará Fontanarrosa un símbolo de la pluma y de la redonda.

Desde 2014, por ordenanza del Honorable Concejo Municipal de Rosario, su casa natal fue declarada esquina “Roberto Fontanarrosa”. Y el 26 de noviembre, fue instituido como el Día Nacional del Humorista, en conmemoración del nacimiento del reconocido escritor.

Fuente: TN

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