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Agatha Christie: se cumplen 45 años de la muerte de la tímida dama del misterio que conquistó al mundo

Escribió 86 obras y vendió más de dos mil millones de ejemplares, quedando tercera en el ranking mundial detrás de William Shakespeare y la Biblia. Un repaso por la vida de esta leyenda de la literatura policial.

Agatha Mary Clarissa Miller, conocida como Agatha Christie, fue una escritora y dramaturga británica especializada en el género policial, por cuyo trabajo tuvo reconocimiento a nivel mundial. Es la única novelista que aparece en el Récord Guinness como la escritora contemporánea que más libros vendió en el mundo: más de 2.000 millones de ejemplares. A lo largo de su carrera, publicó 86 novelas: 66 policiales, 6 rosas y 14 historias cortas.

Su infancia y juventud

Nació el 15 de septiembre de 1890 en Torquay, Devon, al suroeste de Inglaterra, en el seno de una familia de clase media alta, por lo que recibió algunos privilegios como educación privada, primero por parte de su padre estadounidense y luego en instituciones de alto prestigio educativo. Su madre, Clara, que era una excelente narradora, no quería que aprendiera a leer hasta los ocho años, pero Agatha, aburrida, lo hizo a los cinco.

Su creatividad se fue forjando desde pequeña ya que absorbía las historias infantiles de la época como Edith Nesbit (“La historia de los buscadores de tesoros”, “Los niños del ferrocarril”) y Louisa M Alcott (“Mujercitas”), pero también le atraían la poesía y las novelas de suspenso estadounidenses.

Agatha inventó amigos imaginarios, jugó con sus animales, asistió a clases de baile y comenzó a escribir poemas de niña. Era muy apegada a su madre, sobre todo luego del fallecimiento de su padre debido a varios infartos. Para entonces, la situación económica de la familia empeoraba y ella -junto a su madre- debieron mudarse a una pensión, donde tomó lecciones de piano y canto.

La timidez de Agatha y el pánico escénico le impidieron ser una pianista profesional. A los 18 años, escribió algunos cuentos que serían revisados por un amigo de la familia, Eden Philpotts, quien le dio algunos consejos y críticas, y la fue guiando dentro del mundo de la literatura.

La salud de su madre Clara fue empeorando y la necesidad económica de la familia se hizo más grande. En 1910 partieron hacia El Cairo, donde conoció a varias parejas que la invitaban a fiestas de lujo. En 1912, conoció a Archie Christie, un piloto de avión. Querían casarse, pero les faltaba dinero. Finalmente pudieron hacerlo dos años después, en 1914. En 1919, con el final de la guerra, Archie y Agatha alquilaron una vivienda en Londres y dieron a luz a su única hija: Rosalind.

Una apuesta y sus comienzos como novelista

Fue durante la Primera Guerra Mundial que Agatha se dedicó a escribir historias de detectives. Su novela debut fue “The Mysterious Affair at Styles”. Todo comenzó cuando su hermana Madge le hizo una apuesta de que no podría escribir una buena historia de detectives. No obstante, lo hizo y para asombro de todos, resultó ser tan buena que recibió una reseña en el Pharmaceutical Journal.

En 1919, un editor llamado John Lane aceptó publicar su libro y la contrató para producir cinco novelas más. Fue así que después de la guerra, Agatha continuó escribiendo, experimentando con diferentes tipos de historias de misterio y asesinatos. En 1922 deja a su hija con su madre y junto a su esposo viajan a través del entonces Imperio Británico, promocionando la Exposición del Imperio de 1924. Para entonces, Agatha recibió muy buenas críticas por su novela “The Secret Adversary”.

Cansada de las críticas y los cambios que su editor le hacía a sus historias, decidió contratar a otro: William Collins. Ella y su marido regresaron del viaje y se instalaron en Londres. Al regreso, recibió la triste noticia de que su madre había muerto. A eso se sumaron los problemas de pareja: su marido se enamoró de una compañera de golf y amiga de la familia: Nancy Neale.

Su misteriosa desaparición y su salud mental

En 1926, Agatha Christie se esfumó de su casa durante 11 días, provocando una conmoción total en el Reino Unido. Se trató de una de las búsquedas de desaparecidos más grandes que se había visto hasta entonces en aquel país. Mil agentes de policía, más de 15.000 voluntarios organizados, varios aviones y una cantidad enorme de personas que se sumaron a la búsqueda infructuosa de la escritora.

Una noche, dejó a su hija con las niñeras y salió de su casa con el auto sin decir adonde iba. Su vehículo fue encontrado abandonado a la mañana siguiente a varios kilómetros de su casa. Durante ese tiempo, se la buscó por todos lados y las especulaciones fueron muchas. Finalmente, se supo que Agatha había viajado de alguna manera a la estación de Kings Cross, donde tomó el tren a Harrogate y se registró en el Swan Hydropathic Hotel como Nancy Neele, el nombre de la amante de su marido.

Como era de esperar, la novelista fue reconocida por el personal del hotel, que alertó a la policía. Archie, su ex marido fue a buscarla, pero ella no lo reconoció. Agatha ya era famosa y estaba abrumada por la prensa y la exposición. Al ser una persona extremadamente reservada, la popularidad le afectaba más de lo normal.

De aquel incidente, ella jamás mencionó ni aclaró nada. No obstante, trascendió que había empezado un tratamiento psiquiátrico. En 1929 se divorció y se fue con su hija a las Islas Canarias, donde terminó “El misterio del tren azul”, el libro con el que había luchado mientras estaba de luto por la muerte de su madre. A fines de ese año, escribió su primera novela de Mary Westmacott, “Giant’s Bread”, una obra de ficción sobre un compositor obligado a trabajar por motivos económicos.

Nueva vida

Agatha partió hacia Bagdad y desde allí viajó a un sitio arqueológico, donde se hizo amiga de quienes dirigían la excavación. Invitada de nuevo al año siguiente, conoció a un arqueólogo de 25 años, Max Mallowan, quien se convertiría en su segundo marido. Se casaron el 11 de septiembre de 1930 en la iglesia de “St Cuthbert” de Edimburgo. Max regresó a la excavación de Woolley y Agatha a Londres. Ella siguió escribiendo y viajando para ver a su entonces esposo. Como regla, escribía dos o tres libros al año y cuando estaba con Max, solía escribir uno o dos capítulos por la mañana.

La atmósfera del Medio Oriente no pasó desapercibida para ella y la incluyó en sus obras, como se puede ver en libros como “Asesinato en el Orient Express”, “Muerte en el Nilo”, “Asesinato en Mesopotamia”, “Cita con la muerte” y “Llegaron a Bagdad”, así como muchos cuentos escritos por ella dentro de ese periodo.

Max consiguió luego un trabajo en El Cairo y la novelista permaneció en Inglaterra escribiendo cuentos y novelas. Su hija, Rosalind, dio a luz en 1943 a su primer nieto: Mathew. Durante este periodo de guerra, y lejos de su esposo, Agatha publicó clásicos como “And Then There Were None”, “Evil Under the Sun”, “The Body in the Library”, “Five Little Pigs” y “The Moving Finger”.

Sus últimos años

En 1945, su esposo Max regresó a Inglaterra y ella bajó el ritmo acelerado de escritura. En las décadas de 1940 y 1950, se dedicó más a las producciones teatrales y menos a la escritura. Su última aparición pública fue en la noche de apertura de la versión cinematográfica en 1974 de “Murder on the Orient Express”, protagonizada por Albert Finney.

Después de una carrera muy exitosa y una vida muy feliz, Agatha murió el 12 de enero de 1976 por causas naturales. Tenía 85 años. Sus restos descansan en el cementerio de St Mary’s, Cholsey, cerca de Wallingford.

Sus emocionantes novelas son populares entre las audiencias de cine y televisión de todo el mundo y continúan siendo adaptadas a las pantallas chicas y grandes.

Fuente: TN

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