Deportes

El rugby tuvo su año más difícil

En 2020 quedaron expuestas como nunca las conductas feroces y racistas de varios de sus integrantes. ¿Es el deporte el problema? ¿O lo es su masculinidad exacerbada?

Algo malo pasa en el rugby cuando hay varios jugadores violentos dando vueltas por ahí. Impunes, obscenos, pasean su clasismo aristocrático, y golpean si están en grupo o con la víctima elegida en inferioridad numérica. Son demasiados casos para un deporte porque, que sepamos, no hay boxeadores, karatecas o fisicoculturistas que salgan a pegar en patota.

El 18 de enero se cumple el primer aniversario del crimen de Fernando Báez Sosa. Un asesinato cometido en Villa Gesell por rugbiers del club Náutico Arsenal Zárate. La mención es para precisar al sujeto, aunque tendría un valor relativo si fuera la excepción, un caso aislado y no la historia que se reitera. Decimos violentos porque la violencia es un saber aprendido, una manifestación de la cultura imperante, un estadío que supera con creces a la agresividad innata de cada ser humano.

2020 fue un año que expuso como nunca esta conducta social, pese a la pandemia y al distanciamiento social que generó. Empezó con la muerte de Fernando y terminó el 27 de diciembre con un ataque de los mellizos Ignacio y Lucio Cozzi, dos jugadores de 31 años de la Intermedia B de La Plata Rugby Club a Felipe Di Francesco, de 23 años, en una playa de Claromecó.

Esta vez la violencia no se desató por un roce circunstancial en un boliche. La sinrazón de estos personajes brotó al aire libre después de una fiesta clandestina, en la apacible ciudad balnearia del partido de Tres Arroyos. De ahí son los golpeadores. Guillermo, el padre de la víctima, citó un antecedente de los rugbiers en las mismas playas: “Acá en Tres Arroyos nos conocemos todos. Estos son pibes más grandes y tienen antecedentes de golpizas. Hace tres años dejaron inconsciente a uno en el parador La Barra de Claromecó”, le dijo a la agencia Info Blanco sobre Negro.

Los Cozzi se entregaron y ahora deberán responder por las lesiones graves que le causaron a Di Francesco. Su reacción casi homicida derivó de un pedido del joven para que no quemasen botellas y residuos en la playa, después de la fiesta. “Sentí que se volvía a repetir lo de Fernando Báez Sosa, aunque gracias a Dios estamos bien. Fue un acto de cobardía, porque fueron a buscarme estando solo”, declaró el joven estudiante de Derecho.

Felipe dio testimonio de que sufrió doble fisura de tabique, le rompieron cuatro dientes de una patada, recibió un corte en la cara, y tuvo un traumatismo en el ojo izquierdo que le provocó problemas de visión. Primero lo atendieron en el Hospital de Claromecó y después en la Clínica Hispana. Puede contar lo que le pasó a diferencia de Baéz Sosa, el chico de 18 años asesinado en un hecho donde estuvieron involucrados diez rugbiers.

Los mismos que delataron con evidencias falsas a Pablo Ventura, un joven remero al que conocían de Zárate. Lo acusaron del crimen de Fernando para desviar la atención en la investigación. Estuvo detenido cuatro días y fue sobreseído. Su padre anunció que querellaría por daños y perjuicios a los jugadores que, en algunos casos, se exponen a prisión perpetua.

De las playas de Villa Gesell y Claromecó hay que viajar a Córdoba para completar este tipo de ataques. Lautaro Insúa tiene 18 años y fue golpeado de manera brutal en el barrio privado Lomas de la Carolina, por dos rugbiers del club Tala -que integraban un grupo de cuatro-, entre menores y mayores que no superan los 18 años. Terminó con el rostro desfigurado, solo porque les negaron la permanencia en una fiesta de egresados a la que no estaban invitados el domingo 6 de diciembre.

A Insúa le provocaron una fractura de tabique y otra en la órbita ocular, además de heridas en su cara que obligaron a que se le practicara una cirugía reconstructiva. Quedó como esos peleadores de la UFC después de combatir en una jaula con cortes profundos en los pómulos. El ataque comenzó cuando acompañó al dueño de casa hacia la puerta, para convencer a los rugbiers de que se alejaran del lugar. 

Uno de ellos es Mateo Soler, hijo de Facundo Soler, ex Puma e integrante de la comisión directiva de Tala. El padre contó su versión, habló de pelea mano a mano y acusó a Insúa de haberla iniciado. La respuesta no demoró. Fue contada en detalle en las redes sociales por el chico golpeado que acusó a otro joven de haberlo atacado en el piso: Tadeo Torasso.

“Perdí gran parte de la vista y el equilibrio, el pibe me tiró contra un alambrado y el mismo chico me empezó a pegar en la cara y me rompió los orbitales. Caí al piso y el otro me pegó patadas hasta que lo sacaron”, comentó. La causa quedó en principio caratulada como violación de domicilio y lesiones graves. 

El club Tala repudió el hecho en un comunicado. Lo mismo hizo el club de Zárate cuando señaló que lamentaba «lo acontecido» y repudiaba «enérgica y contundentemente cualquier hecho de violencia. Nos solidarizamos con los amigos y familiares de Fernando por su lamentable pérdida”. También La Plata Rugby rechazó la conducta de los Cozzi.

Pocos días antes del asesinato premeditado de Fernando, una joven denunció a rugbiers del club Universitario de La Plata por “violación de intimidad y amenazas”. Jugadores del plantel superior habían difundido fotos íntimas de mujeres con las que habían tenido sexo. Otra vez una institución de rugby se había visto obligada a tomar medidas, y repudiar lo sucedido en un comunicado.

2020 se fue con un nuevo mensaje oficial en el día de los inocentes, pero firmado por la UAR. La Unión pretendió cerrar la polémica y el repudio generalizado por los tuits racistas de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino, realizados cuando eran rugbiers juveniles hace unos ocho años.

Después del quite de la capitanía al ahora jugador del Stade Français, de la exclusión de los tres Pumas del último partido del año contra Australia y un formal pedido de disculpas, la UAR les impuso una serie de requisitos a cumplir para volver a integrar el seleccionado nacional.

Que participen en un curso de seis horas que se desarrollará en tres días de dos horas cada uno, con un par de objetivos: “Tomar conciencia de dónde surgen los prejuicios y de las consecuencias que estos tienen en las relaciones entre las personas y prepararlos para participar dentro del programa de Estereotipos discriminadores y prejuicios de Rugby 2030, hacia Una Nueva Cultura. Además, “grabar un video con contenido formativo (…) que se utilizará como recurso pedagógico de referencia para los jugadores y jugadoras”, entre otras cuestiones a evaluar.

El ambiente del rugby está obligado a deconstruirse después de un 2020 que lo dejó expuesto por el homicidio de Fernando, los ataques en patota, los mensajes xenófobos de jugadores de su élite y el maltrato hacia las mujeres. No la tiene fácil, para nada.

A los dirigentes de la UAR los corrió por derecha un ex Puma, Enrique «Topo» Rodríguez, que acusó a su dirigencia de propiciar un “accionar bochornoso” y ser “una vergüenza mundial”. Les pidió la renuncia y también repartió diatribas contra “la prensa genuflexa” que es “dominada por acólitos del gobierno de turno”. Intentó defender a los tres integrantes del seleccionado, pero de esa forma reflejó lo que llevan naturalizando por años las capas más conservadoras del rugby.

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