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La elefanta Mara ya comenzó su «nueva normalidad»

Viajó en mayo y luce alegre. Dentro de un año y medio la acompañarán dos ejemplares que aún se encuentran en Buenos Aires.

Dentro de pocos días se cumplirán dos meses desde que la elefanta Mara, que pasó 25 años en cautiverio en el Ecoparque porteño, llegó al Santuario Global para Elefantes del Mato Grosso, en Brasil. Allí, por primera vez, disfruta de su vida en libertad y hasta hizo una amiga.

Tras una larga preparación, en mayo se concretó el traslado de Mara para que pudiese pasar sus días en un hábitat natural, lejos de las jaulas y las miradas constantes de visitantes ansiosos por una foto y sobre todo, de cualquier maltrato.

La elefanta de 50 años nació en India, recorrió Alemania, Uruguay y Buenos Aires, pero siempre estuvo en cautiverio. Primero en el Circo Rodas y luego en el exzoológico de la Ciudad. Ahora, mientras el mundo se debate entre cuarentenas y medidas de aislamiento, ella es libre y disfruta junto a otros ejemplares de su especie.

En mayo Mara viajó casi 3000 kilómetros y, en menos de un mes, según contaron los cuidadores, recuperó la musculatura, el brillo en los ojos y hasta su piel, deteriorada por el cautiverio. Sus días ahora transcurren entre tierra, agua, barro y matorrales. Además, «habla» e interactúa mucho con la elefanta Rana, de la que se volvió inseparable.

«Nuestra casa está en la cima de un cerro y los elefantes están abajo, en el valle. Casi todas las noches escuchamos a Mara desde casa, trompeteando y hablando. Es hermoso”, contó Scott Blais a Clarín, entrenador y fisioterapeuta y quien, junto a su esposa Katherine, fundó el refugio.

El Santuario de Elefantes Brasil abarca 1133 hectáreas repletas de pastizales, arroyos, colinas escarpadas. La esperanza de vida de un elefante asiático en cautiverio es de 75 años. Con esta nueva oportunidad, Mara mostró grandes mejoras y su calidad de vida mejoró rotundamente.

 

Los preparativos para la llegada de Kuki y Pupi

Dentro de un año y medio, también acompañarán a Mara Kuki y Pupi, las dos elefantas africanas que quedan en el Ecoparque porteño. Sin embargo, no compartirán el espacio, de acuerdo con las recomendaciones de los expertos.

En principio, su alimentación es distinta: los elefantes asiáticos suelen comer materiales más suaves, como hojas o pequeñas ramas, mientras que los africanos se alimentan también de corteza, por lo que «matan» más árboles. Además, esta especie suele ser más activa y expresiva. «Requieren más paciencia que los asiáticos, porque tienen una energía muy alta. Se vuelven locos, se hacen los tontos, te hacen reír», señaló Blais.

Actualmente el recinto es habitado únicamente por cuatro elefantas asiáticas. Por eso están construyendo un nuevo recinto, de más de 30 hectáreas, para los futuros residentes. En una segunda fase, se sumarán otras 100 hectáreas.

Fuente: TN

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