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Bolsonaro y Fernández, un primer encuentro que puede marcar el futuro del Mercosur

En las reuniones que se suceden desde el lunes, a nivel técnico y ministerial, la estrategia del Gobierno es reducir los ruidos en la integración sin desconocer las fricciones. Con todo, se trata de cosmovisiones de escasa compatibilidad y riesgo congénito de confrontación.

El presidente Alberto Fernández debutará este jueves en el Mercosur. No solo eso, si no hay cambios en la agenda programada, será también el primer encuentro con su colega brasileño, Jair Bolsonaro. Virtual, pero reunión al fin. Lo que salga de allí es difícil de anticipar: una cumbre de Jefes de Estado ajustada al protocolo del pase de mando temporal de Paraguay a Uruguay con la duración de un Zoom gratuito o un choque de visiones sobre el futuro del bloque con efectos difíciles de mensurar. Todo lo que precedió este momento clave del jueves apunta a reducir los ruidos en la integración sin desconocer las fricciones, tanto en las reuniones de carácter más técnico como en las ministeriales que se sucedieron desde el lunes. Con todo, se trata de cosmovisiones de escasa compatibilidad  y riesgo congénito de confrontación.

La Argentina hoy piensa al Mercosur mirando hacia su interior, en función de cadenas de valor, para luego salir “unidos” al exterior. El resto de sus socios observan el mundo externo y la posibilidad de flexibilizar el vínculo en esa dirección, tal como lo hacía la Argentina hasta diciembre de 2019.

La Argentina hoy piensa al Mercosur mirando hacia su interior, en función de cadenas de valor, para luego salir “unidos” al exterior.

Desde el lunes, mucho se debatió sobre estos aspectos. Los representantes del Gobierno presentaron la cuestión de la producción encadenada en las reuniones con sus socios del Mercosur como una estrategia para fortalecer las exportaciones con valor agregado. Sostuvieron que existe un prejuicio conceptual  entre quienes niegan que ya hay participación en el mercado internacional y ello conduce al error de buscar una apertura completa a costa del desarrollo propio. Remarcaron que existen, dentro del bloque, actores tecnológicos y productivos con peso suficiente y un papel ya clave en el aparato productivo internacional y el desafío pasa por mejorar su alcance.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, lo planteó en su encuentro con sus pares y titulares de Banco Central de los estados miembros y asociados en términos de apostar por “una integración inteligente” del bloque. Habló de profundizar la “agenda interna” como base para el desarrollo de una mayor competitividad de cada miembro y el conjunto. Un día después, el canciller Felipe Solá escogió otras palabras pero el mismo tono: “Integrar no significa pensar todos lo mismo, sino buscar acuerdos. No significa ver el mundo de la misma manera”. Conversar, es la clave, remarcó.

Según Solá, las diferencias con Brasil son “personales” más que “ideológicas”

La Argentina tiene plena consciencia de que hoy es el socio minoritario en el bloque frente a una postura que comparten los gobiernos de Luis Lacalle Pou (Uruguay), Mario Abdo (Paraguay) y Bolsonaro. Los dos primeros siempre pujaron por menos barreras con el resto del mundo. En Brasil, si bien persisten las resistencias internas de sectores industriales, en enero de 2019 asumió un gobierno que viró del habitual proteccionismo de la mano de su ala neoliberal, encarnada por el titular de Economía, Paulo Guedes, y una parte de la militar.

La prueba está en lo que ocurrió en abril, cuando se tensaron las relaciones entre la Argentina y sus socios respecto a la decisión de “acelerar” las negociaciones por un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur. El episodio mostró a un Brasil decidido, un Uruguay predispuesto —al punto que tuvo que mediar el propio Fernández con Lacalle Pou y saltear al saliente canciller Ernesto Talvi y su postura intransigente—y un Paraguay haciendo equilibrio en su rol de presidente pro témpore del bloque. Desde mañana, le tocará a Montevideo bailar sobre la tansa.

En la Rosada, lo que más incertidumbre genera de Bolsonaro es su imprevisibilidad. Enfatizan que ese rasgo de su conducta provoca más inquietud, incluso, que sus posturas ideológicas. Del otro lado está Fernández que tampoco se caracteriza por tener un temperamento suave. Y en el bolsonarismo, si algo despierta más escozor que un “kirchnerista” es alguien que no ahorre elogios para Luiz Inácio Lula da Silva, enemigo acérrimo de todo lo que representa Bolsonaro.  Exactamente lo que hizo Fernández el viernes pasado en una videoconferencia con cadencia de tango sobre la década del giro a la izquierda para la región. Citaron a viejos líderes que el bolsonarismo aborrece por “comunistas”.

Pese a todo, los vínculos con Brasil nunca se cortaron con el cambio de signo político en Argentina. Al contrario, se mantuvo la cooperación en cuestiones de índole bilateral o regional como en lo referido al déficit hídrico del río Paraná. Las cancillerías alcanzaron un acuerdo, junto con Asunción, para compensar la baja a través de la represa Itaipú. En ese sentido, desde Buenos Aires ponderan el trabajo realizado junto al canciller brasileño Ernesto Araújo en muchos de estos campos, si bien hoy se ha discontinuado. No contar con un embajador presente en Brasilia tampoco ayuda para “conocernos más, hablar más” y “generar mayor confianza”, en palabras formuladas por Solá ante el Consejo del Mercado Común.

Felipe Solá: “La decisión de ser empresario es lo que más hay que proteger”

Otros dos temas sobre los que giraron las conversaciones, técnicas y políticas, esta semana, fueron el Arancel Externo Común y los sectores preocupados por una mayor liberalización del bloque. En cuanto al AEC, existe un análisis en desarrollo desde el año pasado que hubiera alcanzado ya un punto de consenso, muy posiblemente, si el resultado electoral de octubre de 2019 hubiera sido otro. El actual gobierno argentino piensa muy distinto al de Mauricio Macri y al brasileño en este aspecto: promueve una baja por productos y extender la definición tanto como se pueda en contraposición a la reducción generalizada.

En las reuniones de coordinadores del bloque, el lunes, la Argentina reconoció que se debe modernizar el AEC por los múltiples cambios que se sucedieron desde el diseño de la estructura original, hace 25 años. No obstante, fundamentaron ante sus socios que dichos cambios deben aplicarse con “simplicidad y racionalidad” y de manera “inteligente”, de forma tal de no comprometer el tejido industrial del bloque. Propusieron consultar a los sectores productivos en línea con la estrategia que desarrolla el gobierno de Fernández de incorporar a los privados en todo lo que atañe a las negociaciones internacionales.

La Argentina reconoció que se debe modernizar el Arancel Externo Común que los cambios deben aplicarse con “simplicidad y racionalidad” y de manera “inteligente” En este aspecto, uno de los sectores más preocupados por un avance de la corriente liberalizadora en el Mercosur es el azucarero. Diversas firmas locales han trasladado su nerviosismo al secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, durante el último tiempo. El lunes, de hecho, entre las diversas citas que preceden a la cumbre presidencial, hubo una dedicada específicamente al tema bajo el formato de Grupo “ad hoc” tras 19 años de parálisis. Brasil no solo es el mayor productor y exportador de azúcar del mundo, también subsidia al sector, lo que incrementa todavía más las asimetrías con cualquier competidor.

Este jueves, los presidentes se verán las caras, al menos de modo virtual. Y tras el balance formulado por el mandatario paraguayo de su presidencia pro témpore, le tocará el turno a Fernández y le seguirá Bolsonaro, en orden alfabético, para que Lacalle Pou cierre como el nuevo timonel del Mercosur. Lo que ocurra después, está por escribirse.

Fuente: Perfil

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