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Tensa expectativa en las terapias por la mayor demanda y el temor al colapso

Durante la última semana el nivel de ocupación en esas áreas llegó a superar el 50% en La Plata y alcanzó un pico del 60% en el conurbano bonaerense. De mantenerse el nivel de contagios, el sistema se vería superado en 20 días, según estimaciones oficiales.

Hasta hace pocos días, la enfermera platense de terapia intensiva Elisabet Sánchez intercambiaba mensajes periódicos con su prima, que tiene un trabajo similar en Perú, y veía como algo lejano ese paisaje que su familiar le describía: hospitales colapsados por enfermos con coronavirus y unidades de cuidados intensivos desbordadas donde se hacía necesario decidir a qué paciente priorizar. Ahora teme que, si se mantiene el actual ritmo de contagios, esa misma situación pueda vivirse en la Provincia o incluso en nuestra Región.

Es una preocupación que se agita incluso entre las autoridades sanitarias, mientras se redoblan las medidas para reforzar los servicios y evitar un colapso. Pero lo que más le preocupa a Elisabet es el contraste entre esa situación de creciente inquietud que se vive a diario en su trabajo y la realidad de la calle, donde sigue viendo “gente que no mantiene la distancias social, que no usa barbijo, que sale sin necesidad”. Ese es el elemento que más alimenta la incertidumbre, opina.

La preocupación de Elisabet está instalada con fuerza en el personal que se desempeña en los servicios de terapia intensiva (tanto los destinados a tratar a pacientes con COVID-19, como a los reservados para quienes no tienen esa enfermedad) a medida que crece la demanda de ese tipo de cuidados por el aumento de los casos de coronavirus en un momento difícil: la llegada del frío, con el crecimiento estacional de otras patologías, como las neumonías por causas distintas del virus que coexisten con otras que permanecen estables todo el año, como accidentes cerebro vasculares y traumas, que también ocupan camas de cuidados intensivos.

La voz de alarma se escucha desde hace días en boca de autoridades sanitarias provinciales y nacionales y se hizo más notoria promediando la última semana, cuando la ocupación de camas de terapia intensiva llegó a alcanzar el 60% en el conurbano bonaerense (en el mismo momento superaba el 50% en La Plata) con picos en partidos como Lomas de Zamora,

La Matanza, Morón, Quilmes, Avellaneda, Lanús, San Martín o Florencio Varela. De entre ellos, La Matanza, Quilmes, Avellaneda, Lomas de Zamora y Lanús concentran hoy el 40% de los casos bonaerenses.

El último jueves, según los datos difundidos por el ministerio de Salud de la Provincia, de las 4.964 camas de las unidades de terapia intensiva del territorio provincial, 2.361 estaban ocupadas (47,7%) y 2.585 permanecían disponibles.

El 17, 3% correspondía a pacientes afectados por coronavirus, 191 con el diagnóstico confirmado y 218, casos sospechosos.

En el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) que concentra el 90% de los casos del país y es la que más preocupa, sobre un total de 3.671 plazas 1953 (53,2%) estaban ocupadas y 1.718 libres. La ocupación relacionada con el coronavirus alcanzaba el 19,5%.

En La Plata, en tanto, se presentaba un porcentaje mayor al promedio de la Provincia de camas ocupadas: de las 588 plazas disponibles en el sistema público y privado. 335 estaban ocupadas (56,9%) y 253 disponibles (43%). El 11% tenía que ver con casos de COVID-19 confirmados (13 pacientes) y sospechosos (24 internados).

A la luz de estos datos y de un ritmo de contagios que llevó a que el número de casos positivos diarios cruzara la barrera de los 2.000 el último viernes, oficialmente se admite que existe un riesgo concreto de que el sistema de salud colapse.

Y hasta le ponen fecha a esa posibilidad: de mantenerse el número de contagios podría producirse en alrededor de 20 días.

Es una preocupación que está instalada en las terapias intensivas de la Región, donde se agita el peor de los fantasmas: la posibilidad de tener que decidir a quién atender ante un eventual desborde de los casos graves que colme las camas existentes, algo que ya pasó en países europeos como España e Italia y que desde hace pocos días tuvo su reflejo en naciones vecinas como Bolivia y Chile.

En este marco, las unidades de terapia intensiva se ubicaron en el foco de la atención. Y testimonios de quienes allí trabajan consultados por este diario son recurrentes en señalar un contraste que notan en el día a día: mientras crece la tensión y la incertidumbre por lo que puede sobrevenir en las próximas semanas en esos ámbitos, profesionales y no profesionales destacan que notan un relajamiento de las medidas preventivas en la calle en un momento que consideran clave.

“Cuando más suben los contagios se ve más gente en la calle, sin tapabocas, sin guardar la distancia social”, dice Elisa Estenssoro, jefa del servicio de terapia Intensiva del Hospital San Martín, ex presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva y miembro del Consejo Ejecutivo de la Federación Mundial de Sociedades de Terapia Intensiva.

Si sobre fines de mayo la profesional comparaba la tensión latente que se vivía en las terapias con la atmósfera de una película basada en una novela del italiano Dino Buzzati, “El Desierto de los Tártaros”, donde un grupo de soldados permanece a una guarnición en medio del desierto durante una larga temporada esperando a un enemigo que nunca llega y al que desconoce, ahora admite que la situación cambió.

Desde hace alrededor de 10 días ya estamos viendo el polvo que levantan los caballos”, dice apelando a la misma metáfora.

Estenssoro afirma que entre el 10 y el 15% de los casos que están recibiendo actualmente las terapias intensivas en la Región se relacionan con el COVID-19. Y preocupa que ese porcentaje coincide con un aumento estacional de otros cuadros respiratorios graves, como neumonías que responden a otras causas y que representan entre un 4 y un 5% de los pacientes que se reciben en las áreas de cuidados intensivos.

A esa se suman otras patologías que requieren ese tipo de asistencia y cuya incidencia no cede, como los accidentes cerebrovasculares y los traumatizados, que aunque registraron una baja debido a la caída de los accidentes de tránsito por la merma en los niveles de circulación a causa de la cuarentena, siguen llegando por otras razones, como los episodios violentos.

Ante esta situación dice que “si no se logra morigerar el número de casos en los próximos días tenemos el riesgo de que nos pase lo que pasó en otros países como Chile, Perú y Bolivia. Esperemos que no lleguemos a eso”, sostiene.

Hasta ahora el número mayor de pacientes con COVID-19 que llegaron a tener en la terapia del San Martín al mismo tiempo fueron cuatro, aunque no todos de La Plata, ya que ese establecimiento es centro de derivación provincial, sostiene la terapista. Los cuadros reúnen características similares: distrés respiratorio, necesidad de respirador artificial, episodios de shock, estados hiperinflamatorios.

Hay un aspecto que preocupa especialmente a la hora de evaluar la capacidad de las terapias y es la prolongada duración de las internaciones por COVID-19: la literatura internacional habla de permanencias de los pacientes en unidades de cuidados intensivos que promedian los 28 días, aunque algunas llegan a alcanzar los 40.

Estenssoro dice que, hasta el momento no se han visto estadías tan prolongadas en la Región y que, si bien las internaciones tienen una duración variable, están extendiéndose entre una semana y diez días.

Otro de los aspectos particulares que plantea el COVID-19 en las terapias tiene que ver con los tratamientos, un libreto que se escribe a medida que se actúa y en el que ganar tiempo también es clave, porque permite conocer más acerca de un virus que es nuevo y todavía plantea muchos interrogantes.

Y, en momentos en que oficialmente se habla de un esfuerzo permanente por sumar camas de terapia, que según se afirma oficialmente se duplicaron en la Provincia en los últimos días, los tratamientos también redundan en una optimización de los recursos.

Así, según indicó Estenssoro a este diario, mientras la hidroxycloroquina ya no se utiliza debido a sus efectos secundarios, el tratamiento que genera mayores expectativas es el uso de plasma de convalecientes, que no sólo tuvo buenos resultados en más de 150 pacientes bonaerenses, según un estudio clínico difundido por la Provincia la última semana, sino que también permite reducir en un promedio de cinco días la estadía de los pacientes que están en terapia.

La otra estrategia que se implementa para extender las posibilidades de atención del sistema es instalar camas de terapia en otros espacios hospitalarios, una práctica que tiene que ver, sobre todo, con los recursos de cada hospital.

“Para instalar una cama de terapia se necesita tener respiradores extra, monitores, reservas de oxígeno líquido y el personal que va a manejar esos recursos”, dice Estenssoro.

Una de las limitantes que encuentran los hospitales para poder sumar camas de terapia de esa forma es edilicia: para hacerlo el hospital tiene que tener un sistema de gases centralizado, indica la profesional.

Pero hay todavía otra traba: los médicos de terapia intensiva representan una de las llamadas especialidades críticas, lo que hace que escaseen en épocas normales.

“Es probable que, si la cosa se complica se necesite recurrir a especialidades afines, como médicos clínicos, emergentólogos o anestesiólogos, que son los que están capacitados para ventilar a un paciente”, dice Estenssoro, quien subraya que, en los países que atravesaron las situaciones más criticas, “médicos de distintas especialidades terminaron ventilando pacientes”.

Frente a este panorama, la profesional destaca que todavía se está a tiempo de evitar el desbordes de las terapias y para eso es necesario extremar, en los días que vienen, las medidas de prevención: “El mejor remedio es que la gente se cuide y no llegue necesitar la terapia intensiva”, destacó.

Fuente: El Día.

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