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Hace 250 años, nacía un Padre de la Patria: Manuel Belgrano

Un día como hoy, hace 250 años, nacía uno de los Padres de la Patria: Manuel José del Corazón de Jesús Belgrano.

Manuel Belgrano se tornó docto para mejor servir a sus semejantes. Por eso no dejó nunca que el mucho saber le endureciese el corazón ni tronchase el vuelo de su mano sembradora.

Limpio de toda vanidad, sólo quiso dejar tras de sí, el resplandor de la buena fama.

Su pobreza heroica fue permanente. Y amó la verdad y quiso representarla, en todos los senderos que recorrió con andar de heraldo y de misionero.

No se apoyó en el mal para crecer ni empequeñeció a quienes se cruzaban en su camino.

Sobre sus deseos personales puso siempre la necesidad de la Patria y la voluntad de Dios, seguro de no equivocarse.

No desdeñó nada que fuera útil para la felicidad de su pueblo. La escuela, el periodismo, las instituciones, la simple cátedra del quehacer cotidiano, en la que el buen ejemplo es la mejor y fecunda lección, todo le sirvió para robustecer la libertad, alejar la discordia y ennoblecer la unión.

Humildemente, aprendió lo que no sabía, y con humildad sembró su ciencia, no por vanagloria ni buscando retribuciones materiales, sino con la generosa entrega de quien sirve un ideal redentor.

Fue economista y desde ese lugar luchó con sus ideas y la palabra para lograr que el comercio y la industria se pusieran al servicio del mejoramiento de la calidad de vida de la gente y de la Libertad de la Nación, en contra del monopolio y la corrupción que destruían las raíces de la Nación. Y lo hizo, cuando sus superiores eran los que manejaban el monopolio y la corrupción.

Fue militar por obligación, ya que eran necesarios hombres de armas para defender la soberanía, primero contra los ingleses luego contra los realistas. Y como el mismo decía en sus Memorias, le daba tanta vergüenza no saber manejar un sable, que pagó un profesor particular para que le enseñara el arte de las armas.

Integró la Primera Junta de Gobierno Patrio con la esperanza que fuera el primer paso hacia la Independencia y comandò la primera expedición militar al Paraguay, con la esperanza de unir a los americanos. Fundò los pueblos de Curuzù Cuatià y Mandisovì y redactò la primera constitución provincial otorgando igualdad de derechos civiles y políticos a los indios guaranìes. No tuvo éxito en lo militar pero consiguió que se firmara el primer tratado con los paraguayos, que prometían formar parte de la Provincia Unidas cuando se realizara un Congreso General (al cual nunca fueron invitados).

Defendió las costas del río Paraná contra los realistas, y dejó para la posteridad la Escarapela Nacional y la Bandera Nacional.

En su primer comando en el Ejército del Norte, aseguró las fronteras de la actual Repùblica Argentina, al obtener (desobedeciendo órdenes) las victorias de Tucumán y Salta (a pesar de las desgracias de Vilcapugio y Ayohuma).

En su segundo período de comando del Ejército del Norte, no obtuvo, ninguna victoria resonante como las que tuviera en Tucumán y Salta. Sin embargo, tuvo las tres acciones principales que debe identificar a un comandante de este nivel: debilitar la retaguardia enemiga, abastecer a las tropas combatientes y fortalecer su propia retaguardia, constituyéndose en la base logística del norte, centro de reclutamiento e instrucción y nexo con el gobierno.

Pero, ademàs, cumplió con otra función esencial para que se desarrollara el plan Continental de San Martin: aferrar en el norte argentino, a tropas enemigas que, de lo contrario hubieran asistido en auxilio de las tropas realistas del Perú, dificultando el accionar libertador de San Martín.

Y esta es la etapa que marca su mayor grandeza: sin ser militar, empuñó la espada sin ambicionar otras glorias que las de la libertad y la independencia. Se marcó un rumbo y no se apartó de él, ni siquiera al comprender que lo llevaba a una muerte callada y sin laureles. Y fue leal y constante, duro consigo mismo para que la Patria creciese de cara al sol.

Fue, desde su juventud, un fervoroso defensor de la educación pública, proponiendo la creación de Escuelas de Náutica y de Comercio y posteriormente, donando sus premios para la construcción de escuelas primarias en Tarija, Santiago del Estero, Salta y Jujuy.

Como último servicio a la Patria, intentó hasta último momento evitar el enfrentamiento entre las fuerzas de las provincias litorales y las tropas a su mando, firmando un tratado de Paz (El acuerdo de San Lorenzo) que aseguraría la paz, la libertad y la autonomía de las provincias y de la Capital, que no fue autorizado por el gobierno de Buenos Aires ni el caudillo Artigas. Fue el preludio de su retiro del mando y la posterior disolución del ejército del Norte. En ese momento se hicieron ciertas aquellas profecías que le hiciera por carta San Martín en septiembre de 1817: “¿Qué le parece a Ud. a que se reducirá? a las guerras de unos contra otros, la pintura de la anarquía y los clamores de los buenos para que, cuanto antes, suba el ejército“.

En todos sus trabajos, en todos sus afanes, en sus triunfos y en sus fracasos, brilla siempre la llama de una fortaleza moral incorruptible y ejemplar. Por eso, Belgrano vive, tremolando libre, sobre la esperanza argentina. Y por eso, también, se ganó el honor de ser un Padre de la Patria, junto a José de San Martin y Martin Miguel de Güemes…

Intendente de la ciudad de San Carlos de Bolívar (1987 – 1991) , luego ocupó el cargo de consejero escolar (1991 – 1995), Abogado, docente e historiador del partido de Bolívar. 

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